Ginecología y Obstetricia

Cómo controlar la Atonía Uterina

Redacción Secad

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11 months atrás

La hemorragia posparto es la mayor causa de muerte materna en el mundo. El sangrado vaginal intenso responde a 30% de las muertes, lo que equivale a un fallecimiento cada 150 mil partos. Cada año, más de 70 mil mujeres mueren mientras dan a luz. Y lo peor: la mitad de esas muertes podrían ser evitadas si el diagnóstico y el tratamiento del problema (casi siempre se trata de la atonía uterina) se hiciera de manera rápida y eficaz.

Durante el cuarto periodo del parto, cuando la placenta ya fue expulsada y el bebé nació, el organismo utiliza mecanismos hemostáticos para evitar el sangrado excesivo (miotaponamiento, trombotaponamiento, indiferencia miouterina y contracción uterina fija). Sin embargo, cuando estos mecanismos fallan, el útero no puede contraer lo suficiente para comprimir los vasos sanguíneos.

Sea por un parto prolongado o por cuenta de un bebé por encima del tamaño normal, el órgano puede quedar “cansado” tal como un brazo que, después de un periodo de esfuerzo, se queda exhausto y sin fuerzas. La fatiga del útero es tan grande que no funciona como debería. La principal razón para la hemorragia es conocida como atonía uterina.
El médico Romulo Negrini es el autor de un reciente artículo sobre el tratamiento para casos de este tipo.

“Si las estadísticas muestran que 50% de las muertes por hemorragia posparto podrían ser evitadas, es importante que los médicos comprendan la dimensión del problema para que puedan tratarlo de la manera más correcta”, afirma Negrini, que es profesor y doctor en Tocoginecología por la Facultad de Ciencias Médicas de la Santa Casa de São Paulo (FCMSCSP).

Protocolo de tratamiento
Una serie de variables pueden apuntar al riesgo de atonía uterina. Durante el prenatal, los diagnósticos de polihidramnios, gestación gemelar y macrosomía fetal son suficientes para revelar predisposición al problema. Además, la contracción del útero también puede ser comprometida si la madre tiene más de 35 años de edad, miomas uterinos u obesidad. “Estas situaciones indican la atención especial de los obstetras en el cuarto periodo”, recomienda Negrini.

El uso indiscriminado de ocitocina en el tercer periodo del parto, también es capaz de desencadenar el problema. “Hay que evitar medicaciones que promuevan mucho esfuerzo del útero durante el parto, para que tenga fuerza y contraiga a la hora de cerrar los vasos uterinos”, añade el médico.

Si el sangrado vaginal parece intenso — pérdida sanguínea mayor a 500 mL — en el cuarto periodo del parto, Negrini explica que la conducta clínica tiene que ser “rápida, correcta y coordinada, de forma protocolar y secuencial”. “Lo primero que hay que hacer es introducir suero fisiológico en la vena de la madre para restablecer el volumen de sangre perdida y mantener la perfusión de los órganos”, indica.

Después, el profesional inicia un masaje uterino externo, medida que puede ser ampliada hacia la parte interna aun en la sala de parto y en condiciones de analgesia. La primera acción consiste en estimular el fondo uterino por la vía abdominal; por su parte, en la segunda, una de las manos actúa por la vía abdominal, estimulando el aspecto posterior del útero, mientras que la otra actúa vía vaginal, haciéndolo en su aspecto anterior. El procedimiento se realiza cada 10 minutos a lo largo de una hora. Las mediciones uterotónicas (en este caso la ocitocina) y los globos hemostáticos intrauterinos son alternativas al masaje.

En el fallo de todos estos procedimientos, el médico tendrá que optar por intervención quirúrgica. En este caso, existen tres procedimientos estándar: suturas uterinas hemostáticas, desvascularización pélvica e histerectomía, cuando se retira el útero. “Si esa es la última forma de salvar la vida de la madre, así debe ser”, complementa el profesional del Hospital Israelita, Albert Einstein.

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